La arquitectura utilitarista es un estilo arquitectónico que no se centra en la estética sino en la funcionalidad de las estructuras. Surgió en Inglaterra a mediados del siglo XIX como respuesta a la creciente necesidad de una sociedad en proceso de industrialización que debía optimizar gastos al máximo para ser más competitiva.

La simplicidad de los diseños, en los cuales se intentan eliminar todos los elementos decorativos que no sean funcionales y reducirlos a su mínima expresión.
Maximizar la funcionalidad de los emplazamientos: con diseños y espacios adaptados a las tareas que se requieren en dicho emplazamiento. La planificación es la base de la construcción utilitarista, que se basa en los conceptos de optimización de espacio, aumento de eficiencia y productividad así como la escalabilidad de cara a un crecimiento económico o un aumento de las necesidades coyunturales.
La economía de los materiales, estudiando al milímetro aquellos materiales que optimizan la curva de durabilidad y resistencia frente al coste. Los edificios utilitaristas solían tener diseños modulares con materiales como el hormigón; esto ofrecía una sencillez en la construcción con materiales de primera calidad a un coste bajo.
La mano de obra y su optimización también forma parte esencial de las construcciones utilitaristas, optimizando el tiempo y los recursos humanos se consiguen edificios realmente útiles y de calidad al mínimo coste.

No podríamos realizar una lista cerrada de fines para los cuales se diseñan este tipo de edificios. Ya que los edificios utilitaristas se adaptan a la economía, que es una cosa variables en su modalidad y su volumen, dichos edificios también se irán adaptando a las necesidades concretas.
Un ejemplo de edificios utilitaristas serían:
Por norma general, estos edificios maximizan su funcionalidad y escatiman en estética.

El estilo utilitarista peca de un diseño impersonal y frío, ya que al centrarse en la funcionalidad omite aspectos estéticos y orgánicos que afectan a la percepción del usuario. Por ejemplo el estilo utilitarista aplicado a zonas residenciales da lugar a arquitecturas toscas, feas, poco atractivas y que rozan el conocido como “brutalismo arquitectónico”.
Lamentablemente el estilo utilitarista se ha aplicado en la generación de zonas residenciales. Los arquitectos prescindiceron absolutamente de estilos ornamentales y se centraron en la funcionalidad de los edificios, dando como resultado construcciones feas (y en muchos casos horribles).
El utilitarismo se funde con otro estilo llamado “brutalismo”, una corriente que surgió a mediados de la década de los años 50 del siglo XX. Este estilo se caracterizaba por el diseño modular en bloques de hormigón visto, tanto en la fachada exterior como en el interior. El utilitarismo y el brutalismo arquitectónico cumplieron su cometido: generar construcciones económicas y de calidad estructural. No obstante las deficiencias en el diseño y su poco atractivo han hecho que estas construcciones sean rechazadas y se hayan devaluado con el paso del tiempo.
En internet hay un torrente de hilos de conversaciones y de galerías de imágenes en las que se muestran construcciones de zonas residenciales que usan estos estilos y resultan verdaderamente horribles. Un ejemplo de esta arquitectura espantosa es la que se llevó a cabo en la unión soviética: la conocida como “arquitectura soviética de la era de Stalin”. La megalomanía de este tirano se centró en la construcción de grandes monumentos, enormes plazas asfaltadas y de zonas residenciales para la clase obrera que se asemejaban a cubos de hormigón armado apilados y que por dentro eran prácticamente inabitables (por esta razón podríamos definirlo como brutalismo en su más puro estilo más que utilitarismo). Estas construcciones, como las que podemos ver en los edificios de Chernobyl, tenían como objetivo obtener edificios para la clase obrera a un coste irrisorio para el gobierno, de esta forma podían destinar más partidas presupuestarias a otros fines…











